Cuando me habitas
se detiene el silencio
embelesado
sobre cada copa
en que enmudeces
todos los letargos
del olvido.
Cuando me habitas
todos los resortes
de la aurora
explotan
en los mares del asombro.
Cuando me habitas
entre tus nudillos y mi cuerpo
el vértigo, la magia,
el infinito
saeta en que convergen
mis audacias,
zumo en que navego
por los muelles acuosos
de tu dermis.
Cuando me habitas
y en miel y burbujas
serpenteas mis parajes,
soy un rayo
que se enquista
en tus pupilas
y gesta la barbarie
de extraerte el corazón,
sin que un hilo de sangre
lo conmueva
al traspasar tu piel
hacia mi alma.
Cuando me habitas
todas las ternuras
convergen en mi pecho
y es un cielo
que derramam sus esencias
sobre el tráfago feroz
de cada día.
Cuando me habitas
somos vida
en los telares del futuro,
homicidas del vacío,
trastocando en terciopelo
los escombros.
Cuando me habitas
tu piel es la piel
que mi sangre baña,
tu voz, la única nota
que desborda mi pulso
sobre un mar voluptuoso.
ALICIA HERNÁNDEZ EMPARANZA.
lunes, 26 de octubre de 2009
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