Viajo cada día
los bosques de la ausencia
y a su sombra cobijo
mis alas de cristal.
A veces un frío
me deshace las vértebras
y una lágrima empapa
las raíces del sol.
Otras
un volcán de colores
me revienta en el pecho
y recojo tu mirada
en el atardecer.
Rotos los candados
del silencio,
mi voz se hace caricia
besada por tus labios.
Ya no hay distancia,
somos, amor, más poderosos.
ALICIA HERNÁNDEZ EMPARANZA.
lunes, 26 de octubre de 2009
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